Quo vadis, mundo?

Pudiste celebrar tus 3 años con “aparente normalidad»: lucir la corona morada de cumpleañera que elaboraron tus profes  y apagar las velas junto a Bruno, Nina, Paco y Nata. Unos días después, también acudimos a la multitudinaria manifestación del 8 de marzo en Madrid para sentir y ser parte de la fuerza femenina que se ha propuesto cambiar el rumbo desequilibrado de este mundo.

Un mundo que, en apenas un mes, ha impuesto una pausa traumática para intentar  contener una pandemia global cuyas consecuencias humanas, sociales, medioambientales, económicas y políticas aún no conocemos.

Cómo explicártelo desde este presente sin perspectiva…

El Covid19 está matando a miles de personas en todo el mundo, pero en este momento Europa y Estados Unidos son el epicentro. Si el epicentro hubiera sido África o incluso América Latina y su propagación no avanzara a la velocidad de esta hiperglobalización, quizá no estaríamos hablando de crisis ni de momento histórico, aunque «el número» muertos fuera el mismo.

Pero no. Esta vez nos toca atravesar y sentir el dolor en primera persona. Nos toca llorar. Nos toca gritar para despertarnos y salir de esta pesadilla que se está llevando, principalmente, a nuestras y nuestros mayores. Solas. Sin despedidas, sin abrazos, sin te quiero y te amamos. El personal sanitario, al que salimos a aplaudir cada día a las 8 de la tarde, lo sabe mejor que nadie. Hacen todo lo posible – con o sin medios- para salvar esas vidas sorprendidas por un virus en intensa investigación pero aún incomprendido. Pienso en estas profesionales, hombres y mujeres, y la atención se me va a sus manos vestidas en latex, unas manos que están siendo, para muchos, un contacto físico necesario al que agarrarse para no rendirse y, para otras, el puente para la despedida.

Para evitar que el virus se siga extendiendo, causando muertes y colapsando los sistemas sanitarios, se han impuesto en todo el globo medidas de cierre de fronteras y cuarentenas. El 14 de marzo se decretó en España el estado de alarma y con él un confinamiento obligado. Antes, en Madrid, se cerraron los centros educativos. Después, en todo el país, se paró la actividad industrial no imprescindible, una actividad que se retoma hoy lunes 13 de abril.

En marzo, más de 900.000 personas se quedaron sin trabajo. No logro dimensionar cuántos cientos de miles más que no aparecen en ningún contrato se quedaron sin su fuente de ingreso. Deben de ser muchas, tantas que las ONG actúan en el país como si de una respuesta humanitaria se tratara, repartiendo a miles de familias la única comida a la que tienen acceso.

El virus, como podrás ver en un futuro, no sólo mató. Su impacto fue también el de evidenciar el mundo al revés en el que vivíamos en este 2020: desmantelamientos de sistemas públicos sanitarios; defensa de un modelo económico desigual e injusto a costa de la vida y la dignidad de las personas; muros y fronteras hasta en el mar para no mirar a los ojos a quien más sufre; explotación, racismo y odio. Estábamos perdiendo el norte, la coherencia, la esencia, la empatía, el presente, los porqués y para qué de este efímero viaje por la Tierra.

Ahora que este mundo privilegiado en pausa está experimentado la vulnerabilidad humana y está dando el protagonismo a la ciencia, el reconocimiento a la solidaridad y el valor a los cuidados y a la sanidad, ¿algo va a cambiar?

Demasiado pronto para garantizarlo y demasiadas preguntas sin respuesta para detallarlo. Pero si quienes analizan y manejan el poder califican este momento de histórico por sus implicaciones en el nuevo orden político y económico, no seré yo quien pierda la oportunidad de defender con pasión el cambio individual y colectivo que está dando luz al corazón, el alma y la conciencia de millones de personas en todo el mundo, que exigen una respuesta global y coordinada para ganar al Covid19 y una apuesta inequívoca por el bien común.

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Olga carga a Clara durante los minutos de aplausos en reconocimiento al personal sanitario por su labor en la respuesta a la crisis del COVID-19, en Madrid, 13 de abril de 2020. Fotografía: Luis Soto.

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