Los dinosarios ya no juegan juntos

“Mejor jugamos otro día, para no contagiarnos el resfriado, ¿vale?”, le decía un diplodocus a un osezno. Y el guepardo le recordaba al leopardo que no se saliera de “su zona”.

Ayer construimos con bloques casas para dinosarios, algunos felinos y osos.  En eso pasamos más de una hora. Hoy al escucharte jugar con esos animales realojados en creativas y coloridas casas me he dado cuenta de que viven solos. Una figura por cada habitáculo, y si salen, sólo pueden jugar juntos «un rato».

Tu juego expresa lo que estás viviendo en estas semanas de vuelta al cole, de segundas olas y de desgastantes batallas políticas que llegan a la mesa sin que nos demos cuenta. Y nos preocupa, cómo no, pero no puede extrañarnos.

Hablas de resfriado y no de coronavirus porque fue el que provocó, en este contexto de pandemia, que estuvieras dos semanas sin ir  a clase y que nuestro ánimo bajara por vernos de nuevo entre cuatro paredes.

Tratamos conscientemente de no dar tanto protagonismo a la pandemia, pero aunque lo intentemos no lo logramos. Simplemente está ahí. En la medición a punta de termómetro en la frente cada mañana; en el hidrogel continuo en las manos; en la mascarilla incómoda en las horas de clase; en la distancia física reiterada; en las negativas a entrar en parques de juego llenos de niños y niñas; en las semanas que llevamos sin ver a Nata, Paco, Bruno y Nina y a tu amiga Sofi; en la búsqueda de información para saber qué y qué no podemos hacer; en los tonos de tristeza y sorpresa cuando nos vamos enterando de pérdidas personales… Simplemente está.

Y tu juego, que es tu mundo, no se libra del coronavirus.

Escuché hace una semana decir a Elsa Punset, filósofa y divulgadora de la inteligencia emocional, que este era el mejor momento para nacer. Buff, me hizo pensar y en un primer momento lo cuestioné. Justo acababa de ver un informe de Unicef que alerta sobre el gran impacto de la pandemia en la salud mental de la infancia en España y reclama la adopción de la Estrategia Nacional de Salud Mental” para garantizar una atención especial a las necesidades y derechos específicos de niños, niñas y adolescentes. ¿Será el mejor momento?

Seguí escuchando a Punset y me convenció. Me quedo con el sí y apuesto por su positivismo respaldado. ¿Por qué? Porque lo necesitamos. Porque hay mucho por hacer. Porque me da miedo caer en la derrota y ceder el espacio a tendencias totalitarias -cada día más visibles- que nos lleven a un escenario aún más oscuro.

“Las crisis siempre llegan en mal momento. La de la covid-19 nos ha pillado con líderes mediocres y audiencias intoxicadas”. Lo ha escrito Gonzalo Fanjul,  un activista e investigador de referencia contra la pobreza, en un artículo que extrae un sentir generalizado de hartazgo de esta clase política sin clase y de decepción por la irresponsabilidad de muchos medios y periodistas con su labor incendiaria.

Al final se trata de elegir dónde queremos estar y de buscar otras opciones que nos permitan inspirarnos, construir y, como sugiere Fanjul, vivir menos cabreados. Para que los dinosarios vuelvan a jugar juntos, sin distancias, sin tiempos ni zonas.  

Clara observa cómo una trabajadora de su escuela toma la temperatura a su mamá, durante el primer dia de clases. En Madrid, 08 de septiembre de 2020. Foto: Luis Soto.

2 respuestas a «Los dinosarios ya no juegan juntos»

Deja un comentario