«Esta ley no pretende fiscalizar a las familias, al contrario, van a encontrar ayuda para hacerlo de la mejor manera posible»

Hablamos con Almudena Olaguibel, especialista en políticas de infancia de UNICEF España, dos días antes de la aprobación final de la Ley de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia y justo después de un seminario con ayuntamientos para tratar la implantación de esta ley.

Las consultas son muchas, pero la satisfacción de contar con esta nueva ley es aún mayor. Las organizaciones sociales han tenido un papel clave en la elaboración de esta norma, que también ha contado con la participación de consejos de niñas y niños. Ahora se percibe la celebración de ver un texto que ha sido mejorado hasta el último momento y con el que se espera que España pueda marcar un antes y un después en la protección a niñas, niños y adolescentes.  

“La Ley es el inicio, no es el final”, recuerda Olaguibel, quien destaca la necesidad de esta ley para evitar curar las heridas de quienes sufren la violencia y poder llegar antes, garantizando que los espacios donde transcurre la vida de niñas, niños y adolescentes sean entornos protectores.

¿Qué deben saber madres y padres sobre la Ley de protección integral a la infancia y adolescencia frente a la violencia?

A las madres y los padres les diría que esta nueva ley supone un avance en la percepción de que ninguna violencia debe ser tolerada y que a partir de ahora los entornos a los que vamos a enviar a nuestros hijos, como son la escuela, actividades extraescolares, actividades de ocio y tiempo libre, van a tener la obligación de ser lugares protectores. Creo que las familias tenemos que estar ahora más tranquilas cada vez que enviemos a nuestros hijos y a nuestras hijas a estos espacios, porque la ley les va a obligar a mantener unas políticas de salvaguarda infantil bastante exhaustivas. En este sentido, animo a padres y madres a preguntar en escuelas y otros espacios cómo lo van a implementar y a implicarse. Además, deben saber que la ley establece que la administración pública tiene que establecer programas de parentalidad positiva, tiene que apoyar a las familias en riesgo, apoyar a las mujeres embarazadas que están solas, incluso durante la gestación, para poder identificar factores de riesgo y para poder ayudar a esa unidad familiar a que pueda criar de la mejor manera posible. Esta ley no pretende fiscalizar a las familia, al contrario, las familias van a encontrar ayudas para poder hacerlo de la mejor manera posible y van a ver el enfoque pedagógico de esta ley, con la que España evidencia una tolerancia cero hacia la violencia contra la infancia.

¿En quién recae la responsabilidad de garantizar esa tolerancia cero?

Es una responsabilidad de todos los adultos, tanto de los profesionales que trabajan directamente con infancia, pero también de todos los ciudadanos. Es decir, no puedes quedarte impasible cuando estás viendo que algún niño sufre violencia o maltrato o abusos. Y si además eres una persona que trabaja en estos entornos directamente con niños y niñas, tienes una obligación reforzada de reportarlo. No significa que tengas que hacer una denuncia formal, hay unos cauces y mecanismos para que tú sigas con el eslabón de la cadena que te corresponde, nadie pretende que sobre tus hombros te eches toda la responsabilidad de un niño que puede estar sufriendo o no maltrato. Nuestro reglamento de administración pública está muy bien organizado, simplemente hay que llevarles ese caso, hacer una notificación sabiendo que aquí puede haber algún tipo de maltrato, algún tipo de problema y ya ellos son los que van a continuar con el procedimiento.

¿Cómo podemos ayudar desde el hogar a prevenir que nuestros hijos e hijas sufran violencia?

Para prevenirlas lo primero es hablar de ello, porque lo que no se habla no existe. Estamos ahora trabajando con la Policía Nacional, con la Unidad de Participación Ciudadana, que son los que van a las escuelas, y hemos hecho un libro precisamente para ayudarles a identificar qué es un secreto bueno y qué es un secreto malo. Cuando tienes un secreto malo que un adulto te ha dicho que no lo cuentes pero te hace sentir mal,  siempre puedes acudir a una persona de referencia. Hay que hablar de este tema de una forma adaptada a su edad, con mensajes muy claros. Podemos decirles que no tienen que dejar que nadie le toque ciertas partes de su cuerpo, que si hay alguien que le hace sentir mal – ya sea un adulto o un niño- puedes confiar en los adultos porque estamos aquí para protegerle. Yo creo que ese es el mensaje, transmitirles que “los adultos estamos aquí para protegerte, tú no te preocupes, tú nos lo cuentas y nosotros somos los que vamos a hacer todo lo posible para poder ayudarte”.

¿Qué tipos de violencia recoge la ley?

 Esta es una ley de protección integral porque toca todo tipo de violencia. Puede ser desde el maltrato físico, maltrato psicológico o emocional, los castigos físicos humillantes, el descuido o trato negligente, que en el ámbito familiar es el tipo de maltrato más común en nuestro país. También son las amenazas, las injurias o calumnias, la explotación, agresiones y abusos sexuales, la corrupción, el acoso escolar, el ciberacoso, violencia de género -que también estamos viendo incluso entre los propios adolescentes-, la mutilación genital, trata de seres humanos, matrimonio infantil, pornografía no consentida. Es un amplio abanico en el que hemos pretendido que todas las violencias que les afectan estuvieran contempladas en esta ley para no dejarnos fuera ninguna.

Y en el caso en que esa violencia ocurra dentro del hogar, ¿qué se puede decir a las familias?

Cuando madres y padres apelan a antiguas formas de educar deben saber que pueden incurrir en algún tipo de violencia y tienen que hacer un esfuerzo precisamente para revisar su historia personal. Pueden pedir ayuda si ellos están viendo que algo no está funcionando, no se sienten cómodos con la manera que tienen de educar a sus hijos con esas pautas. Es fundamental escuchar a los niños y las niñas.  Les diría a los padres y las madres que hay otras opciones, que no es necesario educar con violencia, que eso no es educar. Cuando ellos ven que no está funcionando, que no está bien, por mucho que haya sido la pauta que ellos hayan aprendido, tienen que ser capaces de reflexionar sobre su propia historia, su propia vida. Y si al final es por falta de tiempo, es porque a veces decimos que “los niños nos ponen nerviosos”, tenemos que ser conscientes de que eso es algo que está en nosotros, no podemos echarle la culpa al niño, no me escudo en que esto es una pauta educativa y en que lo he hecho porque el niño se lo merece. No se trata de sentirnos culpables,  se trata de intentar que no vuelva a pasar. Yo creo que la gente tiene muchísimas ganas de hacerlo bien y esta ley les va a ayudar.  De hecho, el primer capítulo es el de ayuda a las familias, a las primeras a las que hay que ayudar porque es el entorno natural del niño y es donde debería estar y es donde mejor está.

Deja un comentario